La Argentina es como ese paciente que permanece en terapia intensiva y que no ha encontrado aún un diagnóstico certero de un equipo médico que contribuya a mejorarle la salud económica. No pasó en la gestión de Mauricio Macri, mucho menos ahora cuando Alberto Fernández está a las puertas de cumplir su mandato, con un país embestido por la inflación, con escasos dólares y con desequilibrios macroeconómicos sin resolver, indica el economista Aldo Abram. “Ni antes ni ahora el Gobierno ha tenido la firmeza de avanzar en reformas estructurales que permitan abandonar la inestabilidad. Y por eso vamos de crisis en crisis”, afirma el actual director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso en una entrevista telefónica concedida a LA GACETA.

-¿Por qué la Argentina sigue en esta realidad de alta inflación y nulo crecimiento?

-Esto es parte de algo que era lógico que sucediera. El gobierno de Macri no terminó bien y a posteriori llegó una gestión que, en vez de mejorar las cosas, las empeoró, con más cepos. Cuando lo colocaron en 2019 tenía como fin pasar la tormenta de las elecciones, con el desmadre posterior a las PASO. El objetivo de eso y del acuerdo “stand by” con el FMI era pasar las elecciones. Luego se renegociaron Facilidades Extendidas que se prometió hacer las reformas estructurales que Macri las anunció al iniciar su mandato, que no hizo, y que terminó en crisis. Aquí no nos atrevimos a hacer aquellas reformas y por eso vemos un país en decadencia

-¿Es la costumbre de saltar de crisis en crisis?

-Hay un error de diagnóstico. Todos saben que tenían que hacer reformas estructurales que no son otras que aquellas que hicieron países hacia donde nuestros chicos se están yendo para buscar oportunidades de progreso y que fueron asumidas hace 40, 50 o 60 años. Aquí no hicimos ni hacemos esas reformas y por eso tenemos un país en decadencia, que va de crisis en crisis. Cambiemos se dio cuenta, pero no se animó o no quiso hacer la reforma y terminó en crisis, pese a que tuvo una montaña de dinero de inversión para dinamizar la demanda interna. No hizo las reformas y a fines de 2017 vimos la fuga que desencadenó la crisis. Con el gobierno de Alberto y Cristina Fernández se mantuvo el esquema que el macrismo dejó, sin perspectivas de llevar adelante las medidas, apelando sólo al cepo. En la Argentina hubo 22 cepos antes de Fernández; en 21 de ellos intentaron sostenerlos como lo hacen actualmente, perdiendo reservas y endeudándose, y volaron por los aires. Tres de ellos terminaron en hiperinflación. Todo ello agravado por la falta de ajuste fiscal que sólo se concreta a través de crisis, pero no por iniciativa propia. Lo que hay que hacer es una reforma del Estado, que no es lo mismo que un ajuste fiscal, para que ese Estado sea eficiente y cumpla con sus roles. Entonces se gasta bien y si esa es la conducta, te sobrará la plata para bajar el déficit y no quedarse en recortas partidas que suele hacerse en la emergencia. Ojo que Cambiemos también hizo esto. Llegamos, en la actualidad, con un Banco Central perdiendo reservas para sostener un cepo y emitiendo para financiar el desmadre. Todo esto se encamina hacia una crisis y probablemente a una hiperinflación si no logramos salir de este esquema. ¿Cuándo vamos a salir? Si llegamos al próximo gobierno saldremos, sino estallaremos.

-¿Qué significa estallar?

-Hemos visto que la experiencia en la Argentina, una hiperinflación no solo te plantea más problemas económicos, sino que te lleva a la disolución social, porque la gente cobra y al instante la plata que recibe ya no vale nada.  En una situación de caos, nadie toma empleados, mucho menos hace inversiones. La gente que hoy hace changas ya no tiene esa oportunidad. Imaginate que la clase media tradicional se empobrece y los que están un poco más abajo descienden a la situación de pobreza. Una hiperinflación puede llevar al 70% de los argentinos hacia la pobreza. Por eso hay que evitar ese escenario, que es de terror si caemos. Hoy tenemos un paciente (la economía) que está en terapia intensiva y tiene una infección que, si sigue así, lo va a matar. Pero nos encontramos que los médicos de la terapia tienen un diagnóstico errado. Es una realidad que no podemos cambiar. Pero sería bueno que todos los argentinos, incluyendo la oposición, entiendan esta situación para que vean cómo pueden ayudar a salir de esa terapia intensiva.

-¿Qué se puede hacer para que salga de la terapia intensiva?

-Creo que a las puertas de concluir su mandato, esta gestión no va a cambiar el diagnóstico, pero sí tratar de mejorar las expectativas de tal manera que la sociedad observa que intentarán que el paciente llegue hasta el próximo gobierno sin empeorar más la situación. En el medio, los familiares de ese paciente, es decir nosotros, elegiremos al nuevo equipo médico que trate de sacarlo de la terapia intensiva. Con parches costosos no alcanzan. La economía argentina necesita un tratamiento adecuado a su realidad, por más duro que sea, sino estará expuesta a esa suerte de muerte que significa una hiperinflación. Entonces, la próxima gestión debe tener capacidad y audacia para tomar medidas de fondo porque, si no lo hace, el paciente se le muere. No hay tiempo para atenderlo.

-Pero los políticos siempre tienen temor al sacrificio, por los costos que ello implica...

-Exactamente. Me acuerdo que durante la gestión de Cambiemos presentamos un conjunto de medidas para solucionar el problema económico. Y la respuesta que recibimos fue: “ustedes quieren que nos vayamos en helicóptero”. No es así, porque tampoco es salir por la puerta de atrás de la Casa Rosada con una nueva crisis. Lo que propusimos fue aplicar reformas estructurales. Todos le tienen miedo al costo político. Hoy le queda claro que si no hacen algo urgente para salvar al paciente, sí se irán en el helicóptero. Firmo ya que, si la próxima gestión no envía al Congreso el 11 de diciembre las propuestas y medidas  para hacer reformas estructurales que no son inmediatas, no hay demasiadas salidas. Es shock en tomar la decisión de hacer la reforma que te puede llevar dos o tres años ejecutarla. Nadie tiene una varita mágica para que los resultados aparezcan inmediatamente. Lo que hizo el anterior gobierno, más que gradualismo, ha sido inmovilismo. Aquí necesitas shock que no es otra cosa que hacer las cosas desde el día uno. Creo que la sociedad va a apoyar mucho al nuevo gobierno y lo hará porque llegaremos muy mal al cambio de gestión. La gente deposita mucha confianza en los nuevos gobiernos, no sólo los que lo votaron, sino también una porción importante de aquellos que no lo hicieron. De allí ese viejo concepto de la luna de miel.

-Pero la luna de miel es cada vez más acotada, por la baja tolerancia social a la falta de decisión gubernamental...

-Es cierto que la sociedad está agobiada, pero la luna de miel redundará en un fuerte apoyo, porque necesita alimentar la esperanza, más aún cuando las cosas están muy mal. De la esperanza vive el hombre. ¿Quién se va a tirar contra un presidente o presidenta que representará la esperanza? Pasa en todos lados. El problema se plantea en las comparaciones. Vos por ejemplo ganas en Estados Unidos y el capital de la esperanza se llama dólar. Ganás en Europa y te dan euros, pero en la Argentina, si ganás, recibís pesos, con una inflación galopante y lo diluís rápidamente. Así te vas a quedar sin nada. Entonces se necesitan inversiones. Y cuando invertís tenés dos consecuencias:  la primera es la ejecutividad y el liderazgo, que te da capital político; lo segundo es analizar las probabilidades. Hoy Argentina es tierra de oportunidades porque todo está barato para aquellos que tiene fondos aquí o en el exterior.  Más allá de que sean financieros o especulativos, ese ingreso de fondos financiará la demanda interna y arranca el proceso de recuperación. Eso es lo que hay que conseguir.

-¿Por qué el dólar agro no ha tenido la misma efectividad que las dos ediciones anteriores?

-Esta gestión tiene gente inteligente dentro del gabinete para tomar medidas económicas. Por ejemplo, reconozco que Gabriel Rubinstein (secretario de Programación Económica) tiene la capacidad suficiente para estructurar medidas. Se hicieron inventos o parches creativos, que se han sacado como conejos de la galera. En mi caso, tal vez pudiera contribuir a resolver algunos problemas, pero creo que no tendría la creatividad para sacar tantos conejos de la galera implican grandes costos. El dólar soja en su primera y en su segunda versión funcionaron porque el agro ahorra desde siempre granos en los silos. Los productores achicaron la brecha para pasarse de dólar silo a dólar real, cuando los precios internacionales estaban bajando y le convenían hacer esa movida. Al achicarse la brecha de pérdida, se vendió lo que se iba a exportar. Vendieron parte del ahorro. La expectativa ahora es que se viene una cosecha mala, que también tiene una fuerte incidencia fiscal negativa. Además, hay que tener en cuenta que en esta tercera versión las cosas cambian. Los productores de granos pueden guardar en silos, pero los que produce manzanas o peras, no, y no pueden especular con el precio. Lo único que les queda a esos productores es exportar lo que tenga que liquidar lo que se venda en el exterior, y esas divisas te faltarán más adelante, por lo que la tentación puede ser sacarle al mercado interno para exportar. Entonces habrá un problema de precios, de ahí que el Ministerio de Economía te obliga a firmar “Precios Justos”. Si yo exporto más porque me conviene y le saco a la oferta local, suben los precios internos. O, en el peor de los casos, se produce desabastecimiento de esos productos de economías regionales.

-¿Por qué al Gobierno le cuesta tanto reconocer la inflación y ordena poner en circulación un billete de $ 2.000 y no otros de más alta denominación?

-Simplemente porque el gobierno piensa que si sacas un billete de más alta denominación dirá que hay más inflación. Ya lo dijo Albert Einstein: “hay dos cosas que son infinitas: la estupidez humana y el universo; y no estoy seguro de lo segundo”. A esto lo estamos demostrando a pleno. La gente se da cuenta de que la inflación está latente, más allá de que no saques los billetes. Al contrario, tenés que usar muchos billetes para enfrentar esa inflación. Mirá lo que son las cosas que el Gobierno importa billetes cuando tenés capacidad propia para producir billetes. Pero si apelas a hacerlo sólo con los billetes de $ 1.000 puede que no te alcance aquella capacidad de producción, pero si son de $ 5.000 tal vez no tengas que pagar tantos millones de dólares para importarlos. Y usamos los dólares que bien podrían servir para dárselos a aquellos importadores que necesitan ampliar su capacidad de producción, comprando insumos afuera. Otra estupidez argentina: la que cometió el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) al intentar postergar la difusión del dato de inflación de abril del viernes 12 al lunes 15 por cuestiones electorales. ¿Vos crees que la gente no se dio cuenta que la inflación la mató la inflación en abril? Esa percepción estúpida de algunos que los lleva a hacer macanas. El peso fue perdiendo constantemente valor. Tomemos en cuenta la aceleración en la emisión de billetes que hemos observado desde las elecciones de 2021, con eso que se denominó “Plan Platita”. Desde entonces se emite al mismo ritmo y el peso pierde poder adquisitivo y, cuando la gente se harta de que la empobrezcas con el impuesto inflacionario, deja de demandar. Ahora tenemos pérdida por partida doble: de poder adquisitivo porque emiten un montón y también porque queremos tener cada vez menos pesos. Y eso acelera la inflación y entramos en un círculo vicioso. Hace que caiga más fuerte el valor de la moneda. Últimamente el Banco Central, en vez de decir “paremos de tirar combustible al incendio”, incrementó el ritmo de emisión, lo que es una pésima idea porque juegan con fuego y ese camino te puede llevar a una hiperinflación. Y eso es todo un tema, lo que no quiere decir que vamos hacia una híper necesariamente. Ya lograron calmar la situación con paliativos de corto plazo. Si logran renegociar el acuerdo con el FMI y conseguir más fondos, que en el futuro habrá que pagarlos, como así también de otros organismos, por allí pueden sostener el programa hasta el final de esta gestión y entregarle el paciente vivo al próximo gobierno.

Perfil

Aldo Abram

Licenciado en Economía (UBA) y Master en Ciencias Económicas (Universidad del CEMA), Aldo Abram se desempeña como director Ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso. Además, es profesor e investigador de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE). El economista es consultor económico y financiero.